Obras de misericordia
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    En la piedad y en la tradición cristiana, desde los catecismos postridentinos del siglo XVI se habla con preferencia de determinadas acciones de caridad y solidaridad que merecen una atención especial.
    Aunque el Catecismo Romano no cita las Obras de Misericordia ni las conden­sa en el doble número de 7 corporales y 7 espirituales, son los textos de Gaspar Astete (1599, acaso 1586) y de Jerónimo Ripalda (1591) los que coinciden en la enumeración de las 14 Obras de Miseri­cordia que el cristiano tiene que saber y practicar. Aste­te las sitúa al final de la tercera parte y como complemento de los Mandamiento. Ripalda las coloca al final de los Sacramentos como coronación de la vida cristiana.
   La enumeración y descripción son equivalentes en ambos catecismos históricos:0
    -  Las corporales son "Visitar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregri­no, redi­mir al cautivo, enterrar a los muertos."
    -  Las espirituales son "Enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo ha menester, corregir al que yerra, perdonar las injurias, consolar al triste, sufrir con paciencia las flaquezas del prójimo, rogar a Dios por los vivos y los muertos.
    Desde entonces se explicaron en todas las catequesis. Los textos de catecismo posteriores fueron comentando estas directrices, que eran más que consejos espirituales. Y algunos del siglo XIX, como el "Gran catecismo católico" de Deharbe, o el "Catecismo Popular explanado" de Spirago, perfilaron brillantes expli­caciones y comentarios al respecto y crearon la espiritualidad de las obras de misericordia que tantas instituciones, cofradías y tareas de caridad originaron en la Iglesia.
    
   El Catecismo de la Iglesia Católica, sin someterse a la literalidad del Astete y del Ripalda, reorientó la formulación de obras de misericordia a su dimensión evangélica, condicionando la atención a determinados textos evangélicos, de modo especial a la parábola del juicio final (Mt. 25. 31-36).
   "Obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestros prójimos en sus necesidades corporales y espirituales (Is. 58- 6-8 y Hebr. 13. 3). Instruir, aconsejar, consolar, confortar son obras de misericordia espiritual, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia corporal consisten en dar de comer al hambriento, dar techo a quien lo necesita, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos. Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna. Es también una práctica de justicia que agrada a Dios." (Cat. Igl. ct. 2447)